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Octubre, salud mental y bienestar en la empresa: ¿Otra iniciativa más?

14/09/2026 by umanbi Bienestar en el trabajo 0 comments

Octubre. Mes de la salud mental. Y probablemente otra cosa más que añadir a la lista.

Si trabajas en RR. HH. o L&D, quizá lo primero que piensas no es precisamente: qué bien, qué oportunidad. Quizá piensas algo más parecido a: otro tema más que meter en una agenda que ya está llena.

Porque están las prioridades del negocio, los programas que ya estaban previstos, los managers, el engagement, las nuevas habilidades que necesitan los equipos y, por supuesto, la IA, que lleva meses ocupando conversaciones, decisiones y buena parte de la atención y de los presupuestos de formación.

Así que es legítimo hacerse una pregunta: ¿de verdad tenemos que volver a hablar de salud mental?

Durante la pandemia, el bienestar pasó al centro de la conversación. De repente empezamos a hablar de salud mental en el trabajo con una naturalidad que hasta entonces no habíamos tenido. Aparecieron programas de wellbeing, nuevas iniciativas, formaciones, recursos de apoyo e incluso departamentos específicos dedicados al bienestar.

Y aquello fue un avance importante. Empezamos a poner palabras a cosas de las que antes apenas se hablaba. Entendimos que una persona no deja fuera de la oficina lo que le ocurre por dentro y muchas organizaciones empezaron a asumir que cuidar de las personas también formaba parte de su responsabilidad.

Pero han pasado los años y da la sensación de que parte de aquel impulso se ha ido diluyendo.

Hoy estamos en otra conversación. Hablamos de automatización, productividad, eficiencia, inteligencia artificial y transformación. De cómo hacer más, de cómo hacerlo más rápido y de todo lo que una IA puede empezar a hacer por nosotros.

Y, sin embargo, hay algo que no ha cambiado: los resultados de una empresa siguen dependiendo, en gran medida, de las personas que hay dentro de ella.

Personas que tienen que pensar, decidir, colaborar, crear, escuchar, gestionar conflictos, liderar reuniones, adaptarse a cambios constantes y aprender nuevas formas de trabajar. Personas que, además, son las que tienen que convivir con toda esa transformación tecnológica.

Y creo que ahí está una de las paradojas de este momento. Cuanto más hablamos de tecnología, más fácil es olvidar a quienes tienen que utilizarla, adaptarse a ella y seguir rindiendo mientras todo está cambiando rápidamente.

Una reunión termina y empieza la siguiente. Un mensaje interrumpe una tarea. Una conversación complicada se queda dando vueltas en la cabeza mientras ya estamos entrando en otra videollamada. Cambiamos de contexto varias veces en una hora y esperamos de nosotros mismos estar concentrados, disponibles, creativos y tranquilos en cada una de ellas.

Muchas veces, además, cuando hablamos de salud mental pensamos enseguida en grandes problemas o situaciones límite. Pero buena parte del bienestar en el trabajo se juega mucho antes, en algo bastante más cotidiano: cómo gestionamos la tensión que vamos acumulando a lo largo del día.

Qué hacemos cuando notamos que vamos acelerados antes de una reunión. Cómo recuperamos el foco después de una conversación difícil. Cómo hacemos una pausa cuando llevamos horas encadenando tareas. O simplemente si tenemos herramientas para reconocer que nuestro cuerpo y nuestra cabeza necesitan parar unos minutos antes de seguir.

Quizá por eso la pregunta para este octubre no debería ser únicamente “¿Seguimos necesitando hablar de salud mental?”.

Quizá deberíamos hacernos otra:

¿Estamos dando a las personas herramientas reales para cuidarse mientras trabajan?

Los datos dicen que el problema continúa

Podríamos pensar que aquella preocupación por la salud mental fue, en parte, consecuencia del momento excepcional que vivimos durante la pandemia. Que ahora que hemos recuperado cierta normalidad, quizá también deberíamos volver a otras prioridades.

El problema es que los datos cuentan una historia diferente.

En 2025, la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo preguntó a trabajadores de toda Europa por los riesgos psicosociales y los problemas de salud relacionados con su trabajo.

En España, casi una de cada dos personas, el 49 %, afirmó estar expuesta a una presión de tiempo severa o a sobrecarga de trabajo. Y el 40 % señaló haber experimentado estrés, depresión o ansiedad durante los doce meses anteriores causados o agravados por su trabajo, frente al 29 % de media de la Unión Europea.

No parece, por tanto, que el bienestar haya dejado de ser relevante. Más bien parece que hemos dejado de hablar tanto de él, pero el problema sigue ahí.

Hay otro dato especialmente difícil de ignorar. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo señalaba en 2025 que los problemas de salud mental son ya la segunda causa de incapacidad temporal en España. Además, entre 2018 y 2024 las bajas asociadas a síntomas emocionales aumentaron cerca de un 490 %, los diagnósticos de estrés grave un 230 % y los trastornos de ansiedad un 120 %.

Pero quizá ni siquiera las bajas cuentan toda la historia.

Porque antes de que alguien llegue al punto de necesitar parar hay muchas jornadas en las que sigue trabajando, conectándose, entrando en reuniones, respondiendo correos, tomando decisiones y tratando de concentrarse. Solo que lo hace cansado, preocupado, saturado o con menos capacidad para estar realmente presente.

A escala mundial, la OMS estima que la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de 12.000 millones de jornadas de trabajo cada año, con un coste aproximado de un billón de dólares anuales en pérdida de productividad.

Pero para mí la conclusión más interesante no está en las cifras. Está en reconocer algo bastante más sencillo: la forma en la que estamos influye en la forma en la que trabajamos.

Influye en nuestra capacidad para concentrarnos, escuchar, tomar decisiones, relacionarnos con los demás o afrontar una situación difícil. Y también en cómo llegamos a esa quinta reunión del día después de llevar varias horas funcionando con el piloto automático puesto.

Por eso trabajar el bienestar desde RR. HH. no debería entenderse como una iniciativa periférica, algo que hacemos cuando queda presupuesto o como respuesta a una moda determinada.

Es parte de trabajar con personas.

Y eso tampoco significa poner toda la responsabilidad sobre ellas. La OMS plantea un enfoque mucho más amplio: actuar sobre los riesgos del entorno laboral y las condiciones de trabajo, formar a managers y trabajadores y ofrecer también intervenciones que ayuden a las personas a desarrollar habilidades para proteger y gestionar su salud mental.

Son planos que necesitan convivir.

Una organización tiene que preguntarse qué está generando estrés innecesario y qué puede cambiar en su manera de trabajar. Pero, al mismo tiempo, puede ayudar a las personas a desarrollar recursos para gestionar mejor esos momentos de tensión que inevitablemente van a existir.

Porque difícilmente vamos a conseguir que desaparezcan las reuniones importantes, los picos de trabajo, las conversaciones difíciles, los cambios, la incertidumbre o los días en los que todo se acumula.

Lo que sí podemos hacer es conseguir que las personas tengan más recursos para responder cuando eso ocurre.

Un taller no hace magia… pero ayuda

Y aquí conviene hacer una aclaración importante: un taller no hace magia.

El bienestar de las personas no depende de una sesión de una hora. Tiene que ver con cómo se lidera, cómo se organiza el trabajo, las cargas, la autonomía, la cultura, las relaciones, la seguridad psicológica y muchas otras decisiones que se toman cada día dentro de una organización.

Trabajar el bienestar de verdad requiere continuidad y una mirada mucho más amplia.

Pero que un taller no sea suficiente no significa que no pueda ser importante.

Una formación puede abrir una conversación que llevaba tiempo aparcada, volver a poner el bienestar en la agenda y, sobre todo, dar a las personas algo muy concreto: herramientas que puedan empezar a utilizar desde ese mismo día.

Y quizá octubre sea precisamente un buen momento para hacerlo. No porque durante un mes tengamos que acordarnos de la salud mental y después olvidarnos de ella, sino porque nos ofrece una oportunidad para retomar una conversación que en muchas organizaciones comenzó hace unos años y que hoy sigue siendo necesaria.

Del bienestar como intención al bienestar como práctica real

Si aceptamos que el bienestar sigue siendo una dimensión importante del trabajo, la siguiente pregunta es bastante lógica: ¿Qué podemos hacer realmente desde una empresa?

Hay una idea que me parece especialmente importante: es mejor desarrollar recursos antes de que los necesitemos de forma urgente. No tenemos que esperar a que una persona esté completamente desbordada, a que aparezca una baja o a que el estrés haya alcanzado un nivel difícil de gestionar para empezar a hablar de bienestar.

Es mejor empezar a trabajarlo antes, cuando lo que tenemos delante son situaciones normales de cualquier jornada: presión, reuniones importantes, cambios, conversaciones difíciles, exceso de estímulos o momentos de bloqueo. Es precisamente ahí donde disponer de pequeñas herramientas que nos ayuden a regularnos mientras las cosas están ocurriendo puede marcar la diferencia.

Puede ser aprender a gestionar mejor la activación ante una situación exigente, recuperar el foco después de una interrupción, transitar mejor entre tareas o identificar antes cuándo estamos acumulando demasiada tensión.

Son pequeñas cosas. Y precisamente por eso pueden ser valiosas. Porque para trabajar el bienestar no siempre necesitamos añadir otra gran tarea a una agenda que ya está llena sino prácticas suficientemente pequeñas como para integrarlas en el día a día.

Después de impartir muchos talleres y formaciones con equipos, también tengo claro algo: hacer una formación por hacerla no tiene demasiado sentido.

Una sesión puede convertirse fácilmente en una hora agradable, inspiradora incluso, pero que desaparece de la cabeza de los participantes en cuanto vuelven a abrir el correo.

Y eso no es lo que buscamos.

Si una empresa decide dedicar tiempo y presupuesto a trabajar el bienestar, aunque sea durante una hora, creo que ese espacio debería servir para algo más que recordar a las personas que tienen que cuidarse.

Deberían salir de él sabiendo hacer algo que antes no sabían hacer o teniendo recursos que puedan recuperar cuando los necesiten.

Por eso tiene mucho más sentido un enfoque experiencial: comprender brevemente qué nos ocurre cuando aparece el estrés y, sobre todo, conocer y practicar recursos concretos para gestionarlo mejor en situaciones reales de trabajo.

No se trata de utilizar herramientas individuales para compensar una carga de trabajo insostenible.

Ni de decirle a una persona que tiene que aprender a gestionar mejor el estrés mientras la organización ignora aquello que lo está provocando.

Es importante separar ambas cosas.

Las empresas tienen que seguir trabajando sobre liderazgo, cultura, organización, cargas, autonomía, seguridad psicológica y todos aquellos elementos que influyen en el bienestar. Pero eso no impide que, paralelamente, podamos ayudar a las personas a desarrollar recursos personales para afrontar mejor la presión inevitable que forma parte del trabajo.

De hecho, las organizaciones que llevan años trabajando seriamente sobre bienestar suelen hacerlo desde diferentes frentes porque el bienestar no se construye con una única acción. Se construye con diferentes intervenciones que se refuerzan entre sí y se mantienen en el tiempo.

Una de estas intervenciones puede ser algo sencillo: una sesión práctica, un espacio para parar, una formación para managers o una iniciativa que después tenga algún pequeño refuerzo.

¿Cómo llevarlo a tu empresa este octubre?

No hace falta empezar con un gran programa de bienestar para volver a poner este tema sobre la mesa.

Octubre puede ser un buen punto de partida: un momento para recuperar una conversación que sigue siendo necesaria y, sobre todo, ofrecer a las personas recursos que puedan incorporar a su día a día.

Si vas a organizar una iniciativa de bienestar, mi recomendación es que sea breve, práctica y fácil de trasladar al trabajo real.

Menos teoría sobre la importancia de cuidarnos y más herramientas aplicables a situaciones concretas: momentos de presión, dificultad para concentrarnos, acumulación de tareas o jornadas en las que cuesta bajar el ritmo.

Una de las claves está precisamente ahí: que las prácticas sean lo suficientemente sencillas como para caber dentro de una jornada normal. No necesitamos añadir otra obligación a la lista. Necesitamos recursos que puedan utilizarse cuando realmente hacen falta.

Y merece la pena comprobar después si la sesión ha resultado útil y, si queremos darle continuidad, reforzar lo aprendido con pequeñas acciones posteriores.

Una propuesta sencilla de implementar

Por eso, este año hemos planteado nuestro Taller de Bienestar con un enfoque muy concreto: que no sea simplemente un espacio para hablar de bienestar, sino un espacio para trabajarlo de forma práctica.

En un taller breve y experiencial abordamos situaciones que forman parte de cualquier jornada laboral: momentos de presión, dificultad para desconectar entre tareas, exceso de activación o necesidad de recuperar el foco después de una situación exigente.

Las personas conocen y practican diferentes recursos para gestionar mejor esos momentos y, sobre todo, se llevan herramientas sencillas que pueden incorporar a su día a día.

No pretendemos que una hora cambie la cultura de una organización, pero sí que esa hora pueda hacer algo más pequeño y mucho más realista: que una persona salga con más recursos para gestionar mejor el estrés cuando aparezca.

Y para RR. HH. o L&D también puede ser una forma sencilla de actuar este octubre. No hace falta diseñar una gran campaña de salud mental, buscar diferentes charlas o crear una iniciativa desde cero. Nosotros trabajamos habitualmente con bienestar en las organizaciones y podemos ayudarte a poner en marcha una acción concreta, cuidada y fácil de integrar en las agendas de los equipos.

Nuestro Taller de Bienestar puede realizarse online o presencialmente y adaptarse a las necesidades de cada equipo.

¿Lo vemos?

Si estás pensando qué hacer este octubre en tu empresa, reserva 20 minutos conmigo. Me cuentas qué necesitáis, cómo es vuestro equipo y vemos si el Taller de Bienestar puede encajar.

[Reserva aquí una conversación de 20 minutos]

Soy Cristina, fundadora de Umanbi. Ayudo a departamentos de RR. HH. a mejorar el compromiso y la colaboración de sus equipos.

¿Cómo lo logramos? Asegurando medidas que potencien el bienestar organizacional y desarrollando las habilidades de los líderes para que inspiren confianza y guíen mejor a sus equipos.

¿Cómo trabajamos?

  • Consultoría estratégica: Identificamos objetivos y necesidades reales para diseñar intervenciones a medida.
  • Formación de líderes: Capacitamos a mandos intermedios y directivos para que ejerzan un liderazgo que genere compromiso.
  • Entrenamiento de equipos: Formamos en habilidades para trabajar con mayor bienestar, resiliencia y motivación.

Cuento con más de 15 años de experiencia dirigiendo equipos y 8 años como consultora en diferentes empresas. Soy Profesora Certificada del programa “Search Inside Yourself” creado originalmente para los empleados de Google, basado en Inteligencia Emocional, Mindfulness y Neurociencia.

Para mí, el trabajo debe ser un lugar donde te sientas querida, respetada y útil. Por eso, colaboro con organizaciones que cuidan de sus equipos y se toman en serio su bienestar.


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